Cada montaje deja una lección sobre techos, ductos y flujos de aire reales. Aquí reunimos intervenciones donde el dimensionamiento se decidió después de medir, no antes: naves con cumbreras altas, líneas de proceso con vapores ácidos, galpones donde el ruido del turno nocturno era un problema para los vecinos. Las fichas resumen qué equipo se instaló, sobre qué estructura y con qué restricción de obra.
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Por qué fabricamos ventilación industrial y no solo equipos sueltos
Antes de cotizar un extractor eólico o un ventilador centrífugo medimos volumen del galpón, altura de cumbrera, carga térmica por turno y pérdidas de carga del ducto. De ahí sale el caudal real que necesita la nave. Si el número no cierra, lo decimos: sobredimensionar un equipo también cuesta energía y ruido.
Trabajamos aluminio marino en las aspas libres y lámina galvanizada calibre 18 en ductos y campanas de extracción. En plantas cercanas al litoral el aire salino castiga cualquier acero sin tratamiento, así que el recubrimiento y los rodamientos sellados no son un extra: son parte del equipo desde el primer día.
Un sistema de climatización B2B que aturde a los operarios termina apagado. Por eso seleccionamos rotores, bases antivibratorias y velocidades de giro pensando en el turno completo, no solo en la ficha técnica. El objetivo es que la renovación de aire pase desapercibida dentro del galpón.
Los ventiladores centrífugos llevan motor cerrado con protección térmica para operación continua. La idea es simple: una revisión anual de rodamientos, limpieza de aspas y verificación de anclajes. Nada de paradas sorpresa en plena campaña de producción por un equipo que no aguantó el régimen.
Coordinamos con el maestro montajista la base de lámina, la inclinación del techo y el punto de descarga. Muchos problemas de extracción vienen de una instalación apurada, no del equipo. Preferimos invertir una visita técnica antes que resolver un reclamo después.
Detrás de cada extractor eólico y cada ventilador centrífugo hay un equipo que decide con criterio de planta: qué caudal necesita el galpón, dónde va el ducto, cómo se comporta el motor en turno continuo. No es un catálogo armado desde un escritorio. Es gente que ha subido a techos inclinados en Tumbes y ha medido temperatura de cumbrera antes de recomendar una turbina.
Define los criterios de selección de equipos y revisa cada memoria de cálculo antes de que salga a planta. Trabaja con el efecto chimenea y la presión estática como variables reales, no como supuestos. Cuando un cliente pide un extractor para un techo con carga térmica alta, es él quien verifica si conviene una aspas libres de aluminio o si el tramo exige un centrífugo con rotor de álabes curvos.
Coordina el taller de lámina galvanizada y el armado de campanas de extracción. Controla calibres, soldadura y recubrimiento epóxico para ambientes con vapores ácidos. Su criterio sobre el faldón perimetral y la distancia al punto de emisión evita que el sistema se sobredimensione y que el ventilador asociado trabaje fuera de su punto óptimo.
Sube a cubierta, fija bases de lámina galvanizada y verifica el sellado contra filtraciones antes de cerrar el trabajo. Conoce los techos de naves industriales del norte del país y ajusta la inclinación de la base según la pendiente real, no según el plano. Una revisión anual del rodamiento sellado es todo lo que el cliente debe agendar.
Atiende consultas de plantas con restricciones de tablero eléctrico, donde un extractor pasivo simplifica la aprobación interna. También arma el expediente técnico para climatización B2B: caudal, pérdida de carga, nivel de ruido esperado y robustez del motor en operación continua. El objetivo es que el área de mantenimiento reciba un sistema que pueda sostener sin sorpresas.
Si tu nave necesita renovación de aire, extracción forzada o captación localizada, conversemos con los datos de tu planta sobre la mesa.
Coordinar una visita técnicaLa cronología de Free Wing no se escribió en una sala de juntas. Se armó en techos de planta, en ductos de lámina galvanizada calibre 18 y en galpones donde el termómetro marcaba cuarenta grados a las once de la mañana. Cada etapa que aparece abajo dejó un criterio de fabricación que hoy sigue vigente en el taller de Tumbes.
Arrancamos fabricando una sola turbina de aluminio para un galpón avícola en el valle. El encargo era simple: bajar la temperatura interior sin tocar el tablero eléctrico, porque la planta no tenía capacidad instalada disponible. Ese primer equipo pasivo nos enseñó que el efecto chimenea depende menos del viento y más de la altura de cumbrera, la densidad del aire caliente y la ausencia de obstrucciones en el techo. Todavía usamos esa lección cuando dimensionamos naves altas.
Los clientes empezaron a pedir extracción forzada para tramos largos de ducto. Ahí aprendimos que un axial no vence presión estática alta sin perder caudal, y que el rotor de álabes curvos hacia adelante mueve más aire cuando la resistencia del sistema lo exige. Incorporamos carcasa de acero galvanizado y base antivibratoria. El ruido bajó lo suficiente para que varias plantas pudieran operar el turno nocturno sin quejas del vecindario.
Un cliente con vapores ácidos nos obligó a rediseñar la campana con faldón perimetral y recubrimiento epóxico. La lección fue clara: extraer humo después de que se dispersa cuesta el triple de caudal y de energía. Desde entonces dimensionamos la campana según el área de trabajo y la distancia real al punto de emisión, no según una tabla genérica. Ese criterio se volvió norma interna.
Sumamos la línea de ductos para no depender de terceros en los tramos críticos. Empezamos a registrar calibre, longitud de tramo y número de codos por proyecto, porque cada codo equivale a metros adicionales de pérdida. Esa trazabilidad nos permite entregar un sistema completo y responder con datos cuando el cliente pregunta por qué el caudal medido no coincide con el de catálogo.
Varias plantas pasaron a operar veinticuatro horas y los equipos anteriores no aguantaban. Adoptamos motores con protección térmica y rodamientos sellados que reducen el mantenimiento a una revisión anual. En paralelo medimos niveles de ruido en planta para ajustar la base antivibratoria. No es un detalle menor: un ventilador que vibra transmite ruido a toda la estructura del techo y termina afectando la zona de trabajo.
Cada proyecto arranca con una visita técnica: medimos altura de cumbrera, temperatura interior, superficie de techo y puntos de emisión. Con esos datos elegimos entre extractor eólico, ventilador centrífugo o campana, y definimos el trazado de ductos. La robustez del motor y el bajo nivel de ruido dejaron de ser argumentos de venta para convertirse en requisitos de fabricación. Esa es la identidad que sostiene el taller.
Si tu nave tiene un problema térmico que ninguna tabla resolvió, conviene empezar por la medición. Podemos revisar el caso y proponer el sistema que corresponda.